027 marzo, 2020

El adelanto de entre 20 y 25 días de la floración de los frutales en Aragón por las temperaturas suaves registradas en el invierno supondrá un adelanto de la temporada de cosecha de la fruta, una situación que inquieta al sector porque podría producirse un solapamiento de variedades en el mercado y con ello una distorsión a la baja en los precios, tal como señala Alberto Ortego, fruticultor y responsable del sector en la Comisión Ejecutiva de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Aragón (UAGA).

Sin embargo, lo que más preocupa es que la primavera llegue con lluvias o, como el pasado año, sorprenda con unas heladas tardías, que terminen por arruinar unas buenas perspectivas de cosecha. Y es que, en especial los fruticultores de la comarca de Calatayud, todavía tienen en el recuerdo los destrozos del pasado año. En 2019, los meses de marzo y abril llegaron acompañados por episodios de fuertes hielos y temperaturas bajo cero que arruinaron las entonces buenas previsiones de cosecha provocando graves pérdidas especialmente en el valle del Manubles y el Jiloca, así como en las localidades de Miedes, Codos o Munébrega, y sumando una campaña más, y entonces iban cuatro, con mermas de hasta el 100% en algunas especies.

«La situación podría complicarse mucho si cae pedrisco o hay heladas porque el nivel de aseguramiento en estos cultivos es menor», destaca Ortego. Un descenso que se explica, matiza el sindicalista, porque muchos agricultores no han podido contratar las pólizas, ya que tras los siniestros del pasado año «el seguro costaba mucho dinero y además con las penalizaciones no resultaba eficaz». Esta situación es aún más patente en la comarca de Calatayud, una de las tres únicas en España que está considerada como zona de máximo riesgo.

Mano de obra
Con todo, falta todavía algo más de dos meses para que comience la cosecha. Y aunque toda España espera que para entonces haya pasado la complicada situación que vive todo el país por la crisis del coronavirus, los agricultores no ocultan su inquietud por el impacto que podría tener en la recolección la ampliación del estado de alerta y el cierre de fronteras (tanto en España como en el resto de países) y, con ello, la imposibilidad de disponer de los temporeros.