02 junio, 2021

Mientras el año pasado, uno de los efectos de la pandemia fue la recuperación del consumo per cápita en España de las frutas, algo no funcionó con las frutas de hueso. Según los datos del observatorio del Ministerio de Agricultura, el consumo de frutas en los hogares creció el 13%, y dentro de ese cómputo todas las frutas crecieron, cítricos, plátanos, manzanas, uvas, melones, sandias o exóticos, excepto las frutas de hueso, que bajaron un 4%, explica Paco Borrás en Food Retail.

En la Unión Europea, que es la receptora de la mayoría de las exportaciones españolas (95%), tampoco están siendo mejores los datos, tanto del último año como de la tendencia: las importaciones de terceros países, bien del mismo hemisferio o en contraestación, están estabilizadas desde hace casi dos décadas y el comercio intracomunitario, alimentado por los cuatro países productores importantes, Francia, Italia, Grecia y España, está descendiendo. Cuando se produce una circunstancia de estas características conviene intentar averiguar por qué el consumidor ha tenido esta reacción y encontramos varias posibles explicaciones.

Entre ellas, es posible que estemos ante uno de los casos en los que un concepto muchas veces usado para resaltar los éxitos de algunos productos, en este caso esté siendo contraproducente: la innovación varietal. Cada año se incorporan nuevas variedades a la oferta y en muchas ocasiones estamos ante frutas atractivas, pero en las que el sabor es discutible o en el que la vida útil a partir del momento de la compra es más bien corto.

Además, explica, las frutas de hueso, al contrario que ha sucedido en otros tipos de frutas, no se ha convertido en fruta de los doce meses del año en el lineal, y sigue siendo a nivel de consumo una fruta de finales de primavera y del verano, pero es evidente que el consumidor ya ha observado que las variedades ultraprecoces en muchas ocasiones no le satisfacen, aparte de ser en la mayoría de las ocasiones muy caras.

¿Qué se puede hacer?
En primer lugar reconocer que estamos ante un problema estructural y no coyuntural, resalta Borrás. Y los problemas estructurales necesitan de serenidad y de estrategias a medio y largo plazo. Y mucho más en particular este año, ya que, por las heladas de finales de marzo, Europa se enfrenta a la cosecha de fruta de hueso más pequeña desde que España entró en el mercado único, según datos de Europech.

Como señala Paco Borrás, es preciso profundizar en por qué el consumidor se ha ido dirigiendo de forma lenta pero constante hacia frutas que le han dado más satisfacción que las frutas hueso. Pero para profundizar en ello, solo una organización interprofesional que cubra las diferentes zonas españolas de producción podría afrontar el reto correspondiente y las estrategias de posicionamiento y promoción del producto para mantener y crecer en la mente de los consumidores, concluye el consultor.